Ya llegó Diciembre, mes que involucra una serie de acontecimientos que poco a poco nos empiezan a estresar. Lo primero quizás tenga que ver con el trabajo, es época de balances, de renovar contratos, en fin, de dar cuentas. Los jóvenes salen de colegio, vienen las presentaciones de fin de año, graduaciones y licenciaturas. Inevitablemente se acercan fechas importantes de celebración y cada día parecen comenzar más temprano y no precisamente porque nos pongamos nostálgicos antes de tiempo, sino porque sin querer nos vemos bombardeados por la publicidad de casas comerciales y mails que no hacen más que influenciarnos con ideas de consumo y compras.
Tanto incremento en el consumo, hace preguntarnos si este año se repetirán estos mismo parámetros que corresponden a 2007. ¿Será que ni con todas las crisis económicas podemos dejar de consumir?

Al parecer apenas sentimos las campanas navideñas, se nos olvida la palabra austero, pues entramos en una especie de psicosis donde lo más importante es comprar, y nos olvidamos de la real celebración.
A la temida crisis económica, en vez de verla como una catástrofe, podríamos cambiarle la cara y verla como una posibilidad de cambio, aprovechar la instancia donde se nos pide evitar el derroche, transformándolo en un derroche de caridad por ejemplo, quizás sea hora de acordarse de los que viven en una permanente recesión, e ir en ayuda de los más pobres, recoger la carta de algún niño en el correo o cenar con quien tenemos abandonado. Las posibilidades son muchas, sólo debes darle una vuelta, y cambiarle el sentido a tu navidad.


































