
Hace algún tiempo atrás, leí un libro
que comparaba la vida con un viaje en tren.
Una lectura extremadamente interesante,
cuando es bien interpretada.
La vida no es más que un viaje por tren:
repleto de embarques y desembarques, salpicado
de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros.
No obstante esto no impide que se suban
otras personas que
serán muy especiales para nosotros.
Llegan nuestros hermanos,
amigos y esos amores maravillosos.
De las personas
que toman este tren, habrá también
los que lo hagan
como un simple paseo
Otros que encontrarán solamente tristeza
en el viaje…
Y habrá otros que, circulando
por el tren, estarán siempre
listos en ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar,
dejan una añoranza permanente…
Otros pasan tan desapercibidos
que ni siquiera nos damos cuenta
que desocuparon el asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros,
quienes nos son más queridos,
se acomodan en vagones distintos al nuestro.
Por lo tanto,
se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos.
Desde luego, no se nos impide
que durante el viaje,
recorramos con dificultad nuestro vagón
y lleguemos a ellos...
Pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa; el viaje se hace de este modo:
lleno de desafíos, sueños, fantasías,
esperas y despedidas... pero jamás regresos.
Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos
los pasajeros, buscando en cada uno, lo mejor de ellos.
El gran misterio, al fin,
es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos,
mucho menos dónde bajarán
nuestros compañeros,
ni siquiera el que está sentado
en el asiento de al lado.
Me quedo pensando si cuando baje del tren,
sentiré nostalgia... Creo que sí.
Lo que me hará feliz, será pensar
que colaboré con que el equipaje
creciera y se hiciera valioso.
A tí, que eres parte de mi tren, te deseo un...
¡¡¡Feliz viaje!!!





































3 comentarios:
y ya como dejen fumar, sería increíble
PRECIOSO. Sí, eso es lo maravilloso del Tren de la Vida:
Que siempre puede subirse a nuestro vagón alguien que nos sorprenda, que nos atraiga su compañía, que le cedemos un huequito de nuestro asiento.
O también lo podemos buscar por nuestra cuenta, y en el camino, encontrarnos con personas que nos puedan acompañar todo el trayecto.
A mí me gusta el Tren de la Vida, porque siempre ofrece momentos nuevos que disfrutar.
Hermosísimo texto Amanda, ya lo había leído alguna vez, pero siempre viene bien el recordarlo. Cada estación tiene un mensaje, una enseñanza. Nos encontramos con rostros conocidos en este tren o con otros que nunca vimos antes pero que aparecen por algo en nuestras vidas.
Al iniciar el viaje nuestra valija no nos pesa tanto, pero minuto a minuto se llena de recuerdos, de pasiones, de momentos, de aprendizajes.... La meta final nos espera a todos por igual, está en nosotros disfrutar de este viaje.
Besitos
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