
Hacer desde la no-acción es un arte que surge de la consciencia. Significa obrar con tranquilidad, sin desasosiego, siendo plenamente concientes de todos los movimientos, tanto físicos como emocionales y mentales.
Obrar con tranquilidad en todos los órdenes de la vida, sin inquietud, brusquedad o violencia, es un elemento imprescindible de esta forma de vivir que llamamos espiritual.
Otro aspecto del hacer desde la no-acción es la ligereza, que es como la virtud de no cargar de contenidos densos el significado de los sucesos en los que somos protagonistas –tanto si son felices como si son funestos- así como la capacidad de discernir adecuadamente entre aquello que es importante y lo que no lo es o de separar lo fundamental de lo accesorio.
Es obvio que esta separación, realizada desde un cierto nivel de consciencia, invita necesariamente a ser liviano ya que, en realidad, aquello que es realmente importante es capaz de llevarlo dentro de sí misma una persona que vive espiritualmente.
Aunque no tiene que ver con la pasividad o la inactividad, hacer desde la no-acción es el arte de permitir que las cosas sucedan siguiendo el flujo natural de la existencia, actuando de forma espontánea y de acuerdo al momento presente.
De entre las características que definen el hacer desde la no-acción, la acción libre de objetivos representa el factor más significativo. Todos los elementos de previsión, deseo, necesidad, cálculo y manipulación surgen del ego, y todo el flujo de intenciones y de objetivos que éste expresa tienen como objetivo que demos respuesta al irreal y complejo mundo que el mismo ego nos hace ver, y con ello poder alimentarse.



































1 comentario:
El pensamiento es la semilla de la acción y ésta una necesidad para sentirnos vivos.
Besitos
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