
Todos tratamos con alguien que contamina nuestra vida con su negatividad, enojo o amargura. No siempre podemos evitar a esos seres, y tampoco que sus malas vibraciones nos contagien. Seguro que todos tenemos a nuestro alrededor personas que no nos benefician pero sí nos perjudican, y pueden hacerlo hasta tal punto que nos bloquean e impiden que avancemos.
Son esos que intentan controlar nuestra autoestima menospreciando lo que hacemos o decimos. Pueden alabarnos un día, y al siguiente nos descalifican sin reparos. Agrandan nuestros errores y minimizan nuestros triunfos, tratan de esconder su inseguridad fingiendo llevar una vida que no tienen, hablando de sí mismos con superioridad o actuando como víctimas.
Insatisfechos crónicos para los que nada ni nadie es suficiente. Esconden su necesidad de ser aceptados creando conflictos, y siendo duros y extremistas.
Se aprovechan de nuestras debilidades para obligarnos a hacer o decir cosas aunque no queramos, con orgullo y autosuficiencia creen tener la razón en todo y con todos.
Creo que hay que ser muy cautelos@ con las personas que dejamos entrar en nuestra vida personal. Siempre hay posibilidad de volver a elegir. Y cuanto antes, mejor.
Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación contaminante nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.
Tal vez no me resulte fácil controlar mis emociones o sentimientos, aunque sí puedo elegir qué hacer y qué no hacer con ellos. Soy libre para decidir qué clase de relaciones y de personas me rodearán cada día mi vida.




































1 comentario:
Cierto es que hay relaciones contaminantes, pues mejor huir de ellas y acercarnos a quienes nos pueden aportar una vida sana.
Un besito Amanda
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