Después de darle mil y una vuelta, temerosos, intrigados, sorprendidos e nseguros, por fin, una mañana soltamos amarras y dejamos que la corriente guíe inicialmente nuestro rumbo.
La peculiaridad de este plano es que no tiene mapa ni ruta establecida.
No hay autopistas ni atajos.
Cualquier camino puede ser el mejor, porque todos son buenos si se recorren con la voluntad y el firme deseo de avanzar.



































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